Llegó la hora del carignan

 

 

llego la hora

Son doce las botellas que presenta la recién formada agrupación Vignadores de Carignan, un colectivo apasionado por esta cepa maulina, que se propuso rescatar el patrimonio enològico del Valle del Maule, el que se hace a la manera antigua, no moderna. En esta docena de vinos están puestos sus sueños.
Hasta hace pocos años, nadie daba un peso por el carignan. Hasta hace pocos años todo estaba centrado i en el cabemet sauvignon, carmenere o el syrah y no había espacio para muchas cosas más. Hoy es distinto: ei carignan es la cepa de moda, la que despena tanto ínteres que se acaba de formar un grupo de productores que la enarbolan corno bandera.
El colectivo se llama “VIGNO. vignadores de carignan” y reúne a un variopinto grupo de viñas: desde cooperativas como la de Cauqúenes hasta empresas grandes como Morandé, Undurraga o Torres, pasando por bodegas más pequeñas como Gillmore y hasta viñas diminutas como Garage Wine Co o Meli. Todas con el propósito de rescatar el valioso patrimonio enológico del Valle del Maulé y promocionar internacionalmente sus vinos en base a la cepa carignan”, tal como ellos mismo lo dicen.
Al mediodía de un martes de octubre se produce el lanzamiento oficial y la constitución legal de Vigno. “Vino, pero con G de carignan”, como me lo deja saber Andrés Sánchez, uno de los líderes del grupo. Sánchez es socio y enólogo de la bodega Gillmore. la primera en etiqueta: un carignan en Chile hacia 1995. Es en esta bodega en donde sucede el evento. Los doce “vignadores” están ahí y también sus vinos.
Pero además hay porotos con longanizas y cazuela de pava y plateada y estofado de cordero y arrollado huaso. especialidades campesinas que en el Maule se dan muy bien. Comida sencilla que está ahí por las mismas razones por las que están las doce botellas de carignan que cada “vignador” produce: rescatar un hecho cultural En el Maule están tas viejas parras de cepa país y carignan plantadas como arbustos. Esas viñas que sólo se riegan con el agua de las lluvias y cuyo paisaje corresponde a lo más tradicional de nuestra cultura vínica. Ese paisaje, ese modo de plantar y ese modo de trabajar la viña -y los hombres que las han cuidado— es lo que buscan rescatar estos vignadores.
Aunque yo creo que lo que debiera rescatarse en realidad es el país, los vignadores han optado por el carignan que no tiene más de 60 años en nuestros suelos.
El carignan llegó a Chile para apoyar al país, para darle color y acidez, cosas que el carignan tiene de sobra. Y así ayudar a “mejorar” los tintos rnaulinos. Claro que esta cepa tiene lo suyo, y, como buena carne de perro que es. se adaptó a las tórridas y agrestes condiciones de su nuevo hogar, aunque siempre como un actor de reparto que rara vez firmaba autógrafos Eso hasta que viñas como Gillmore y. con mayor presencia, Morandé comenzaron a viníficarlo en solitario y a obtener buenos resultadas. Fue en 2009 cuando se comenzó a fraguar la idea de hacer un club que los agrupara
El carignan es una cepa inconfundible por su acidez, por su color intenso, por sus aromas a flores. A veces, en estos “vignos” hay ejemplos más maduros y concentrados, y versiones mucho más delicadas y frescas. Pero todos mantienes ese hilo conductor que se da cofl su tremenda acidez en su estructura tensa o, para ponerlo en simple, el vino soñado para las longanizas o para la plateada con puré picante.
Estos carignan comenzarán a aparecer en el mercado en ios próximos meses y se podrán reconocer porque los vignadores exigieron a sus socios que al menos el 50% de la etiqueta estuviera ocupada por la palabra “vigno’’.

-Revista Wikén